Ser conservador es el nuevo punk.
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Lourdes: ver para contar

“Aquello tiene la forma de una joven”. Con estas palabras describió la pastorcilla Bernadette Soubirous a las autoridades civiles y eclesiásticas la presencia que hasta en 18 ocasiones se le apareció en una gruta de los Pirineos. Hasta que “aquello” le reveló su identidad: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Corría 1848 y de entonces acá no han dejado de suceder cosas asombrosas en Lourdes, que así se llama el pueblito de esta historia.

En primer lugar, las cerca de 70 curaciones inexplicables, perfectamente documentadas. Uno siempre podrá poner en duda la veracidad de las apariciones, si bien para mantenerse firme en las posturas escéptica o negacionista no ayudarán los trabajos del periodista italiano Vittorio Messori, incansable investigador de los misterios de la fe. A través de una exposición de los hechos, Messori abordó en su día todas las explicaciones naturales posibles al fenómeno de Lourdes. No lo quedó sino concluir que Bernadette no nos engañó.

A las curaciones inexplicables y a las apariciones, cabe sumar un tercer argumento de apologética católica: los motivos de aquellos que peregrinan hasta allí bien como enfermos, bien como acompañantes. Quien busque una aproximación al fenómeno ahora puede encontrarla en las salas de cine. Basta acercarse a la taquilla y pedir una localidad, dos o las que sean para ‘Hospitalarios’, cinta de la que es director Jesús García, un tipo ciertamente interesante.

Medjugorje

Inició su carrera profesional, allá por los primeros 2000, en el diario El Mundo. Lo hizo como maquetador, que era para lo que había estado formándose. Sin embargo, y con todos los respetos que le merecía la profesión, no se sentía llamado a pasar el resto de su vida entre versalitas, ladillos y sumarios, ajustando textos y poniendo pies de foto. Él lo que quería era ser contador de cosas. Su oportunidad le llegaría en 2004, al fichar como reportero para un semanario cuyo número saldría en octubre de ese mismo año.

Alba se llamaba la revista y allí firmó Jesús un buen puñado de historias, entre ellas, las de un pueblecito de Bosnia Herzegovina de ortografía tan áspera como su orografría: Medjugorje. Allí, contaban los lugareños, se había aparecido la Virgen años atrás, igual que en Lourdes. Fiel a su vocación, Jesús -en adelante Suso- fue, vio y contó. Las notas se convirtieron en una serie de reportajes, los reportajes en la materia bruta de un libro, y el libro en un éxito de esos con los que sueñan las editoriales, pues una década después sigue agotando edición tras edición.

Los años que siguieron serían un no parar en la vida de Suso, reconvertido en periodista por su cuenta y riesgo, siempre yendo y viniendo por esos mundos de Dios. Igual informaba desde un punto del mapa donde una partida de bautismo equivalía a una sentencia de muerte, que iba de convento en convento entrevistando a monjas de clausura, que denunciaba la situación de unos esclavos -pero esclavos de verdad- en un infierno de azúcar, playas y palmeras, que viajaba a Tierra Santa para documentar un hallazgo arqueológico de incalculables proporciones.

El éxito de cambiar las vidas de quienes le leyeran

Todo lo anterior lo hizo Suso indiferente al éxito, al menos a una clase de éxito, el de que le llamaran de tal o cual tertulia para pontificar o que una ocurrencia suya fuese trending topic durante un par de horas en Twitter. El éxito que él buscaba era otro, el de cambiar las vidas de los que le leyeran. En este sentido, ha cumplido objetivos con creces, por más que el mérito se lo atribuya a otro: Dios.

Sin embargo, siendo Suso buen chico como es, no ha querido el cielo bendecirle -de momento- con el don de la bilocación, la capacidad de estar en dos sitios distintos y distantes al mismo tiempo, algo que la Iglesia atribuye a ciertos santos. Esto le habría permitido ahorrar en billetes de avión y doblar su ya de por sí ingente producción periodística. Para lo último no le quedó sino sumar a su condición de autónomo la de empresario. Gospa Arts, se llama el resultado.

Se trata de una plataforma digital de evangelización mediante la producción y distribución de contenidos escritos y audiovisuales, siendo el más ambicioso hasta la fecha el largometraje Hospitalarios.

El pálpito de las piedras

Antes de ponerse detrás de la cámara, Suso ya había estado en Lourdes, a veces solo, a veces acompañado, a veces de paso, a veces como destino final. Como nunca había estado era como hospitalario, llevando y trayendo enfermos. Ni se le había pasado por la cabeza. Hasta que un amigo suyo le invitó. Los responsables de la peregrinación en Madrid no solo le hicieron un sitio a Suso, sino que le permitieron llevar sus bártulos de contador de historias: boli, cuaderno, cámaras, micrófonos… El sueño de cualquier director de realities.

Suso no lo es, aunque su trabajo sí tenga mucho de tele-realidad, en el sentido de que todo lo que se cuenta ha sucedido, está sucediendo, sin guión previo. La única premisa que el director y su equipo se pusieron antes de viajar a Lourdes fue la de siempre: dejarse asaltar y sorprender por la realidad. Las expectativas eran buenas. Lo que encontraron fue todavía mejor. Por personalizar la experiencia, podríamos decir que Suso terminó de comprender.

Como queda relatado, él ya había estado antes en la gruta de Massabielle, donde 160 años atrás la Virgen María se había aparecido a una pastorcita, según la Iglesia. Cada vez en Lourdes, Suso notaba que la roca palpitaba. Era una experiencia sobrenatural, a la que acompañaba el entorno, con un río entre montañas. Si no fuese por un edificio enorme -casi un mazacote- que encajaba mal con el paisaje, cualquiera diría que el cielo era allí.

Pues bien, durante el rodaje de Hospitalarios, su director descubrió que los latidos que notaba en la piedra, provenían en buena parte de aquella construcción que tan horrenda le parecía: el hospital, con sus enfermos y sus hospitalarios, entendiéndose todos a la perfección, viniesen de donde viniesen. Porque en Lourdes, como dice Jesús García, se habla el idioma de la enfermedad, que no es otro que el de la sanación, la del cuerpo pero también la del alma.